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ASPECTOS INMUNOLÓGICOS DE LA VACUNACIÓN EN GATOS

MC Tania Guadalupe Delgado León

Introducción.

La inmunización o vacunación en animales y seres humanos ha sido hasta la fecha, uno de los mejores descubrimientos científicos dirigidos a la prevención de enfermedades infecciosas. Sin embargo, no es un método del todo eficaz y debe ser acompañado con otras medidas preventivas para el mantenimiento de la salud. El procedimiento es denominado inmunización activa o vacunación, en la que se induce inmunidad al animal por medio de una respuesta humoral y celular, generando memoria inmunológica (Tizard, 2019) . Las vacunas o inmunógenos son preparados antigénicos que están constituidos por microorganismos que pueden estar vivos o muertos (atenuados o inactivados) o de algunas de sus partes (proteínas o toxinas), los cuales son capaces de inducir una respuesta inmune eficaz contra el microrganismo agresor, sin producir efectos secundarios. (Gómez y cols. , 2007). La inmunidad o protección que se adquiere tras la inmunización está conformada por anticuerpos y células de memoria. La vacuna ideal debe reunir ciertas características como alta inmunogenicidad, inducción de larga inmunidad, estabilidad, ausencia de efectos secundarios, bajo costo y fácil disponibilidad, por mencionar a las más importantes. A pesar de los avances científicos y tecnológicos, aún no se ha logrado obtener una vacuna ideal, pero es un hecho que cada vez son mejores los biológicos que se tienen disponibles para gatos y otras especies animales.

Es importante tomar en consideración que los protocolos de vacunación no son como una receta de cocina, la cual puede aplicarse en todos los gatitos por igual y se obtiene el mismo resultado, ya que incluso en la gastronomía tampoco resulta siempre igual. Existen diferentes guías internacionales y nacionales de inmunización, que sirven para formular un protocolo de vacunación diferente para cada gato. En ellas, se recomienda tomar en cuenta el estilo de vida y las características de cada paciente, valorar los riesgos-beneficios de la administración de los inmunógenos, con plena conciencia de que la inmunidad es diferente en cada gato y que la inmunización no representa una protección total. En nuestro país se cuenta desde el año 2017 con las Guías de vacunación para perros y gatos COLAVAC-FIAVAC-México, que en la parte 1 hace referencia a la vacunación en gatos (Iturbe y cols., 2017).

Para realizar la óptima inmunización de un gato, es recomendable valorar el tipo de biológico que se va a utilizar, la edad de vacunación, la maduración del sistema inmune y los riesgos-beneficios de la vacunación (Gutiérrez, 2010).

Tipos y clasificación de vacunas.

Existen diferentes tipos de vacunas que son clasificadas por distintos criterios. Con base en el agente etiológico pueden ser bacterianas (bacterianas), víricas, parasitarias y fúngicas. Según la metodología en la fabricación, se clasifican como convencionales (metodología inicial de la vacunología) y de nueva generación (ingeniería genética). Conforme a la variedad de los agentes etiológicos de los cuales ejercen protección, se encuentran las monovalentes y polivalentes (Gómez y cols. , 2007), de las cuales, las últimas son las más utilizadas actualmente en los protocolos preventivos de gatos.

Partiendo del riesgo que conllevan los antígenos vacunales, se distinguen tres tipos de vacunas: esenciales, complementarias y no recomendadas. El grupo de inmunógenos esenciales lo integran vacunas que son recomendadas para todos los gatos independientemente de su estilo de vida, debido a que brindan protección contra enfermedades endémicas, de importancia en salud pública y de alta morbilidad y mortalidad. En la guía mexicana de vacunación (COLAVAC-FIAVAC-México) se manejan como esenciales las vacunas triples felinas que contienen los antígenos de panleucopenia felina (FPV), herpesvirus felino tipo 1 (FHV-1) y calicivirus felino (FCV); vacunas contra leucemia viral felina (FeLV) en gatos menores de un año de edad y rabia por legislación mexicana. Las vacunas complementarias son aquellas que su aplicación depende del estilo de vida del animal y con previa evaluación del riesgo-beneficio. En este grupo, la guía mexicana de vacunación incluye la vacuna de FeLV en gatos mayores de un año de edad. Finalmente, se encuentran las vacunas no recomendadas, que como su nombre lo indica, no se recomiendan ya que están dirigidas contra enfermedades no endémicas o que no cuentan con suficiente sustento científico para su administración (Iturbe y cols., 2017).

Respuesta inmunitaria en la inmunización

Para generar una respuesta protectora, fuerte y efectiva ante la vacunación; es necesario de la activación de la respuesta inmune innata y adaptativa. La respuesta innata favorece el inicio de la adaptativa; por sí misma, la respuesta inmune innata no es suficiente como protección duradera por el inconveniente de que no genera memoria inmunológica, resaltando que esta es esencial para comenzar la presentación de antígenos y activar la respuesta adaptativa, la cual hará exitoso el proceso de inmunización (Tizard, Vaccines for veterinarians, 2020).

Cuando se administra un inmunógeno se pueden inducir varios tipos de respuesta inmunológica, pero una será la más efectiva. Los tres tipos de respuesta inmunitaria que se estimulan ante la inmunización son la respuesta humoral, la respuesta celular adquirida (citotoxicidad) y la respuesta celular innata (fagocitosis e inflamación) (Gutiérrez, 2010).

Las respuestas inmunes adaptativas se clasifican en dos tipos. En la respuesta tipo 1 o inmunidad mediada por células, intervienen los linfocitos Th1 para la eliminación de bacterias, virus y protozoarios. Genera una fuerte respuesta de linfocitos T citotóxicos (CD8+), activación de macrófagos y la producción de algunos cuantos anticuerpos. La respuesta tipo 2 es mediada por los linfocitos Th2, y su función es promover la generación de anticuerpos. Los anticuerpos y las células T tienen diferentes funciones. Los anticuerpos neutralizan partículas virales libres y bacterias extracelulares. Los linfocitos T citotóxicos atacan y destruyen células anormales, células cancerígenas, células infectadas por virus y por microorganismos intracelulares (bacterias y protozoarios) (Tizard, Vaccines for veterinarians, 2020).

Los inmunógenos de virus vivos, activos o atenuados; los recombinantes en virus vector y los de ADN promueven respuestas tipo 1 que son citotóxicas (IFN-γ, Th1 y CD8+) y tipo 2 que son humorales (Th2 y anticuerpos).

Por otra parte, los inmunógenos de virus inactivados, las recombinantes de subunidades (proteínas recombinantes), las bacterinas y los toxoides inducen principalmente respuestas tipo 2 (humorales) (Tizard, 2019). Esta repuesta es de gran protección en aquellos casos en los que se requiere de la neutralización del patógeno en el momento que ingresa al organismo y para transferir inmunidad pasiva a las crías (Gutiérrez, 2010).

Seguridad

Los avances científicos encaminados a la producción y mejora de los diferentes biológicos para gatos, han propiciado que los efectos adversos a la inmunización sean cada vez menores. A pesar de ese hecho, la vacunación no está totalmente libre de riesgo. Se han documentado sucesos adversos en menos del 1% de gatos vacunados, que en su mayoría son reacciones leves y transitorias. En otros casos pueden suceder procesos que ponen en peligro la vida del gato como las reacciones de hipersensibilidad y sarcomas en el sitio de inyección (Little, 2014).

Las reacciones a las vacunas pueden ser esperadas e indeseables (Iturbe y cols., 2017). Las más frecuentes son letargo, anorexia, fiebre e inflamación local que se consideran como esperadas (Scherk y cols., 2013). Las reacciones secundarias adversas abarcan reacciones de hipersensibilidad, abscesos, necrosis y sarcomas en el sitio de inyección, reacciones por virulencia residual en vacunas atenuadas y enfermedad por vacunación (Iturbe y cols., 2017).

Las reacciones de hipersensibilidad tipo I se pueden manifestar clínicamente con vómitos, diarreas, dificultad respiratoria, prurito facial o generalizado y colapso. En estos casos, se recomienda que, en las revacunaciones de gatos con reacciones alérgicas, se use una vacuna diferente y se medique al gato 20 a 30 minutos antes de inmunizar con algún antihistamínico y glucocorticoide. Otro tipo de hipersensibilidades como las reacciones tipo II, III y IV pueden ocurrir, pero raramente se documentan (Stone y cols., 2020). De manera ocasional se ha asociado la vacunación contra FCV con reacciones de hipersensibilidad tipo III, generando poliartirtis. La reacción tipo IV no es muy frecuente y se asocia más a los adyuvantes que a los antígenos vacunales, puede haber relación con la formación de granulomas y sarcomas en el sitio de inyección (Iturbe y cols., 2017).

Sobre el tema de los sarcomas en el sitio de inyección, las vacunas (con y sin adyuvante) y todas las inyecciones pueden contribuir a su desarrollo. Se estima que ocurre en 1 de cada 10,000 dosis de inmunógeno. Además, la formación de estas neoplasias involucra varios factores como la frecuencia y número de vacunas administradas, biológico utilizado, predisposición genética, entre otros (Iturbe y cols., 2017). Es recomendable monitorear las masas que pudieran desarrollarse en el sitio de inyección. La FSTF (Feline Sarcoma Task Force) recomienda seguir la regla 3-2-1 para realizar el retiro de cada masa cuando: permanece 3 meses después de la vacunación, es mayor a 2 cm de diámetro y si aumenta de tamaño 1 mes después de la vacunación (Stone y cols., 2020).

Eficacia e inmunidad.

Cada vez existe más la tendencia de vacunar menos frecuentemente a los gatos, el Grupo Elaborador de las Pautas de Vacunación (VGG) de la WSAVA (World Small Animal Veterinary Association), tiene como objetivo promover la vacunación a todos los animales, pero a cada animal con menos frecuencia. En la actualidad existen diferentes estudios relacionados con la medición de los anticuerpos séricos inducidos por las vacunas en gatos, los cuales pueden perdurar por algunos años después de la vacunación (Little, 2014).

Aunque en México no es una práctica común, la medición de anticuerpos séricos para decidir la vacunación en gatos es cada vez más frecuente en algunos países, y ha contribuido a no realizar vacunaciones innecesarias. No obstante, se debe tomar en cuenta que la presencia de anticuerpos contra un antígeno determinado no asegura totalmente la inmunidad, debido a que la inmunidad no la componen solo los anticuerpos, sino también las células de memoria.

Las guías de vacunación para gatos COLAVAC-FIAVAC-México recomiendan que, una vez realizada la serie inicial de vacunación, la vacuna triple felina (FCV, FHV-1 y FPV) se administre cada tres años en animales de interior y anual en gatos de exterior y albergues; en cuanto a la vacuna de leucemia viral felina (FeLV), la recomiendan anual para gatos en riesgo; la vacuna contra Chlamydia felis, la sugieren anual en gatos en riesgo y rabia de aplicación anual por legislación mexicana (Iturbe y cols., 2017).

En cuanto a la efectividad de algunas vacunas, un punto a reflexionar es la presencia de anticuerpos maternos en el momento de la vacunación, para evitar fallas en la respuesta a la misma. DiGangi y cols. en el 2012 realizaron una investigación para determinar el efecto de los anticuerpos maternos en las respuestas serológicas utilizando dos vacunas, una de virus vivo modificado y otra de virus inactivado que contenían antígenos contra panleucopenia felina (FPV), herpesvirus tipo 1 (FHV-1), calicivirus (FCV) y leucemia viral felina (FeLV). Las vacunas fueron aplicadas a 27 gatitos libres de FeLV y sida felino (VIF), hijos de madres inmunizadas antes de la gestación. Se aplicaron los inmunógenos a las 8, 11 y 14 semanas de edad de las crías y los resultados indicaron que la presencia de anticuerpos maternos retraso la respuesta a las dos vacunas; los gatitos con anticuerpos maternos mas bajos lograron mayor producción de anticuerpos y la vacuna más efectiva fue la de virus vivo modificado. En total, el 15% (FPV), 44% (FHV) y 4% (FCV) tuvieron títulos insuficientes a las 17 semanas de edad; concluyendo que los anticuerpos maternos desaparecen de las 14 a las 17 semanas de edad y que la respuesta serológica varía según la vacuna administrada y la presencia de anticuerpos maternos (DiGangi, 2012).

En orto trabajo de investigación realizado por Jakel y cols. en el año 2012, estudiaron la inmunidad de 64 gatitos vacunados contra el virus de panleucopenia felina. Los gatos fueron vacunados a las 8, 12 y 16 semanas de vida con tres diferentes vacunas polivalentes, se midieron anticuerpos antes de cada vacunación y a las 20 semanas. Se encontró que el 36.7% de los gatos no tuvieron seroconversión, la mayoría tenía títulos significativos de anticuerpos maternos a las 8 y 12 semanas de edad y en algunos se detectaron hasta las 20 semanas de edad. Con estos datos se llegó a la conclusión de que es importante la medición de anticuerpos maternos antes de la vacunación para retrasarse la vacunación si es necesario, hasta que hayan disminuido los anticuerpos maternos (Jakel y cols., 2012).

La vacuna de leucemia viral felina (FeLV) es esencial para gatos menores de un año y complementaria para mayores de esa edad según las guías mexicanas de vacunación. En México se comercializan las recombinantes en virus vector, recombinantes de subunidad y las de virus inactivado. Patel y cols. en el 2015 realizaron un estudio para probar la eficacia de 2 vacunas de FeLV, una recombinante en virus vector sin adyuvante y otra inactivada con adyuvante. Los resultados obtenidos indicaron una eficacia más significativa en los gatos vacunados con la vacuna con virus inactivado con adyuvante (Patel y cols., 2015). Sin embargo, en otro trabajo realizado dos años después por Grosenbaugh y cols., probaron la eficacia de tres vacunas: recombinante en virus vector sin adyuvante y dos inactivadas con adyuvante de diferentes laboratorios; en donde encontraron que la eficacia no fue estadísticamente significativa (Grosenbaugh y cols., 2017).

Las vacunas contra herpesvirus tipo 1 (FHV-1) que se comercializan en México son antígenos de virus activo modificado, de administración parenteral y se encuentran en combinación con FCV, FPV; y en ocasiones de Chlamydia felis y FeLV. La vacuna brinda protección contra la enfermedad, pero no previene la latencia. Disminuye ligeramente la eliminación viral y la protección es moderada por casi tres años, pero no es completa (Iturbe y cols., 2017). Con el paso del tiempo donde el gato pudo haber tenido contacto con FHV-1 y teniendo vacunaciones contra el virus, los niveles de anticuerpos protectores pudieran ser adecuados. Esto se logró demostrar en un estudio de Munks y cols. en el año 2017, en donde midieron anticuerpos IgG contra FHV en 100 gatos con diferente historial de vacunación, encontrando que los niveles de anticuerpos aumentaban con la edad (Munks y cols., 2017).

En lo que respecta a la vacuna contra calicivirus felino (FCV) que viene acompañada de otros antígenos, las vacunas en México son de virus activo modificado. Previenen la enfermedad, pero no la infección ni el estado de portador (Iturbe y cols., 2017). En el 2017, Almeras y cols. publicaron un estudio sobre la eficacia en la protección contra FCV. Evaluaron dos tipos de vacunas con diferentes cepas: una con virus inactivado y cepas 431 y G1, y la otra con virus atenuado y cepa F9. En sus resultados encontraron que ambas vacunas fueron eficaces para reducir los signos clínicos cuando los gatos eran enfrentados a cepas circulantes en Europa. A pesar de ello, los gatos vacunados con el antígeno atenuado y cepa F9 controlaron mejor la infección (Almeras y cols., 2017). Finalmente, otras vacunas como las de sida felino, peritonitis infecciosa felina y bordetelosis, no se comercializan y no se consideran esenciales en México.

Bibliografía

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